lA IMPORTANCIA DEL SUEÑO

      El sueño es esencial en la vida del hombre y afecta tanto al funcionamiento del organismo como a su conducta. Si esto es cierto para cualquier edad, lo es especialmente para los bebés. Así, durante el primer año de vida, el niño pasa la mayor parte del tiempo dormido. Este estado, el sueño, es fácilmente reconocible por la ausencia de reactividad al entorno aunque el cerebro muestra una intensa actividad, con un importante impacto en todas las funciones del niño, incluido el desarrollo cognitivo y psicomotor. 

 

     Cerebro y sueño están íntimamente relacionados y la maduración neurológica determina y es influida por el sueño.

                                           Un 25% de los niños de 0 a 36 meses aún no ha empezado a dormir toda la noche del tirón.


¿Cuánto necesita dormir el bebé?

 

      En el periodo neonatal (bebé que tiene 27 días o menos), el "bebé modelo" duerme unas 16–17 horas al día. A los 6 meses de edad, esta duración desciende ya a 13-14 horas, con una duración media del episodio mayor de sueño (nocturno) de unas 6-7 horas. Al año de edad, este episodio ya alcanza unas 8-10 horas como promedio. Sin embargo, estas cifras son meramente orientativas y existen importantes variaciones día a día o entre diferentes niños. Es necesario entender que cada niño tiene unas necesidades individuales de sueño y esta característica está presente a lo largo de toda la vida. Un niño que ha dormido suficientemente durante el día, estará feliz, dinámico, cariñoso y participará en actividades lúdicas.

Un recién nacido puede dormir diariamente entre 16 y 20 horas.

A los 6 meses puede dormir 11 horas más 2 siestas (de hora y media a dos horas y media cada una)

A los 12-18  puede dormir 10 a 12 horas más 2 siestas (de 1 a 2 horas cada una)

A los 2 años puede dormir 11 a 12 horas más 1 siesta (de 2 horas)

 

      Las cifras que muestra la tabla sólo son meramente orientativas, ya que cada niño tiene unas necesidades de sueño individuales. Aunque un niño duerma menos horas de las que se especifican en la tabla, si éste se muestra atento, activo, tranquilo y con ganas de jugar, no hay mejor indicativo de que ha dormido las horas necesarias. Por el contrario, si a pesar de dormir teóricamente las horas necesarias, el niño no estuviera atento, activo, tranquilo y con ganas de jugar, habría que pensar en la posible existencia de un problema de sueño.


Cómo afecta en el buen humor del bebé al día siguiente.

 

     En las últimas décadas, se ha estudiado con mayor interés la relación entre el sueño del lactante y el nivel de desarrollo mental alcanzado, confirmándose que los niños que duermen correctamente tienen mayor desarrollo mental. Incluso se ha observado que los niños prematuros con una estructura anómala del sueño tienen peor desarrollo intelectual al año de edad que aquellos niños con un sueño normal. De forma inversa, también se ha observado que los niños con trastornos neurológicos tienen un sueño de peor calidad.

 

      El sueño también influye en el temperamento del niño.  El temperamento está determinado genéticamente y por las condiciones del entorno y se define en torno a 9 características: actividad, ritmicidad, apego, adaptabilidad, intensidad, ánimo, distraibilidad, persistencia y umbral sensorial. Existen  numerosos estudios que han analizado su relación con el sueño, encontrándose mayor irritabilidad o "temperamentos difíciles" en aquellos niños con déficit de sueño. La normalización del patrón de sueño en lactantes provoca también una mayor relación de apego, adaptabilidad y menor distraibilidad. Así, la calidad de sueño en nuestros primeros años va a determinar no solamente nuestro desarrollo intelectual, sino nuestro temperamento futuro.

 

Cómo influye en el bienestar de la familia.

   

     La repercusión de la calidad y cantidad del sueño en el lactante es muy evidente en el bienestar familiar y existen estudios que relacionan los problemas de sueño del recién nacido y la depresión materna postparto. Características del entorno, fácilmente modificables (temperatura ambiental, colecho, postura, exposición al humo del tabaco) pueden mejorar el sueño del bebé y la calidad de vida de la familia, objetivos que son fáciles de alcanzar con unas normas básicas (p. ej. educación parental).

 

Importancia del sueño del bebé para su salud

 

Como ya se ha mencionado, el sueño es un estado biológico que, como la vigilia, también es un proceso activo y estrechamente regulado que ocurre a unas horas determinadas del ciclo biológico de 24 horas y contribuye a la maduración cerebral en un periodo de la vida en el que existe una máxima necesidad de sueño. Esta gran cantidad de sueño en periodos madurativos de rápido crecimiento sugiere la idea de que el sueño juega un papel fundamental en el desarrollo cerebral y la evidencia indica que todas las fases del sueño son importantes para el desarrollo neuronal aunque la contribución de cada estado es diferente. Una menor duración del sueño activo se ha relacionado con retraso del aprendizaje en niños muy prematuros.

 

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