Estamos en días complicados para muchos niños y para sus padres porque son días en que los niños están empezando a ir a la ESCUELA INFANTIL por primera vez y días en que están haciendo el periodo de adaptación a esta nueva vida que llevarán a partir de ahora.

 

Es un periodo difícil para los niños, que aunque es  cierto que les encanta compartir espacio con otros niños, también es cierto que no cambiarán a un niño por su madre. Si por ellos fuera estarían siempre con mamá o con papá, jugando con ellos, pasando tiempo con ellos, creciendo como seres emocionales que aún no saben nada de la vida.

 

No existe una receta mágica que haga que los niños entren felices y contentos a la escuela infantil, pero podemos ayudar a que este complicado proceso sea mejor o para que, como mínimo, se sientan comprendidos. 

 

La adaptación puede ser muy buena, regular o la pueden llevar fatal, y debemos ser conscientes de por qué lloran, de por qué lo pasan mal y, de ese modo, tener claro que debemos ayudarles cuanto más, mejor.

 

ANTICIPARLES LO QUE VA A PASAR

 

Cuando los niños ya entienden un poco lo que sucede, a través del juego simbólico pueden emular la vida diaria con sus muñecos o representando personajes.

 

Pueden representar la vida en la escuela infantil para que ellos se anticipen a lo que va a pasar y de esta forma se irá haciendo todo más familiar.

 

A través de los personajes se crean diálogos y situaciones cotidianas para que el niño las vaya conociendo, como por ejemplo la llegada, con un “Buenos días, Martín. Soy Ana, ¿me das un abrazo? ¿Qué tal has dormido hoy? ¿Quieres que juguemos mucho? Genial, pues vamos a decirle adiós a mamá y a explicarle que hoy vamos a jugar a un montón de cosas”.

 

 

 

 

 

DARLES EL TIEMPO QUE NECESITEN

 

Es importante que la adaptación se realice de forma flexible para el niño aunque a veces los padres no pueden hacer el periodo de adaptación tan largo como el niño requeriría, por cuestiones de trabajo.

 

Una persona no se adapta a un nuevo ambiente, a un nuevo lugar y a nuevas personas en dos horas ni en dos días. Los niños tampoco. La finalidad del periodo de adaptación es que el niño vaya conociendo el nuevo entorno, su nueva educadora y sus nuevos amigos y amigas para que acabe sintiendo que está en un sitio seguro, no amenazante, incluso cuando su madre o padre no están con él.

 

Algunos niños tienen suficiente con tres o cuatro ratitos para llevarlo bien, otros niños pueden necesitar hasta un mes y hay niños que pueden estar un año entero (en este caso, más que adaptarse, casi podríamos hablar de resignarse). El caso es que lo ideal es que el primer día entremos con el niño y estemos con él, conociendo el nuevo ambiente.

 

Durante el periodo de adaptación, es importante crear un clima de confianza en el que el niño pueda ver que la educadora es una persona que puede formar parte de su círculo de personas de confianza.

El proceso debería ser paulatino para que el niño no se sintiera abandonado, sino formando parte de un nuevo ambiente seguro para él.

 

Nuestra escuela tiene el objetivo de buscar el equilibrio justo para que el niño no lo pase mal (o lo pase lo mejor posible).

 

DESPÍDETE, SIEMPRE

 

Son muchos los niños que, por desgracia y por no usar el sentido común, se han sentido literalmente abandonados en la escuela infantil. ¿Conocéis la amarga sensación de estar en un supermercado y darte cuenta de que tu hijo no está a tu lado? ¿Recuerdas qué se siente cuando caminas por varios pasillos y no le ves? Desaparecido. Estaba a tu lado y de repente ya no está. Luego lo encuentras jugando, tranquilo, en cualquier sitio y le dices “¡no te separes de mí, que no sabía dónde estabas! ¡Menudo susto me has dado!”.

Pues es curioso que, teniendo esto en cuenta, los mismos padres sean capaces de aprovechar un momento en que el niño está entretenido para desaparecer.

 

El problema es lo que sucede cuando el niño se da cuenta de que se ha quedado “solo”. Ahí llega el momento en que se siente confuso y abandonado. No sabe cuándo se ha ido y no sabe cuándo volverá.

Luego, lógicamente, cuando el niño está con sus padres no les deja ni respirar, no se separa de ellos porque no sabe cuándo, por arte de magia, volverán a desaparecer.Incluso duermen mal despertándose varias veces para cerciorarse, con cada despertar, que sus padres no se han volatilizado otra vez.

 

Hay que despedirse de los niños, SIEMPRE. Un besito, “te quiero”, “me voy a trabajar”, “luego vuelvo”, “pásatelo muy bien, aprovecha para jugar mucho”, etc. Le estás explicando que te vas, le comunicas que durante un rato no vas a estar y que luego vas a volver. El niño se quedará quizás (probablemente) llorando, porque él se quiere ir contigo, allí donde vayas, pero no pudiendo ser, al menos tiene la información. Es lo justo y es lo lógico. Luego en casa, si nadie dice “me voy”, no tendrá motivos para pensar que se va a quedar solo en cualquier momento.

 

Digamos que la diferencia está clara. En el primer caso el niño se queda tranquilo pero luego lo pasa mal el resto de la mañana por sentirse abandonado. En el segundo caso el niño se queda mal, pero con el tiempo entiende que siempre hay una despedida y un reencuentro y es capaz de enmarcar ese tiempo “solo” entre ambos momentos, el “Hasta luego” y el “Hola, mi amor”.

 

Además, uno se despide porque es lo correcto, lo respetuoso. ¿Cómo os sentís cuando alguien se va sin decir adiós?

 

COMPRENSIÓN

 

El último consejo, pero no por ello el menos importante (de hecho yo diría que es el más importante), es el de ser comprensivos, muy comprensivos y ser muy empáticos.

 

Tratad de poneros en su piel para saber qué siente y por qué lo siente, apoyadle y ayudadle y tened en cuenta que, si cambia un poco su relación con vosotros cuando está  en casa, demandando más contacto y más tiempo con vosotros debéis hacer lo posible por dárselo, porque os está pidiendo que le demostréis que le seguís queriendo.

 

Separarte de la persona más importante de tu vida es muy difícil, si además esa persona es tu guía, tu referente, tu apoyo en los malos momentos, no sólo puedes sentirte triste, sino también desubicado.

 

Poco a poco debe ir apareciendo la educadora, esa nueva persona que le hace de guía durante unas horas, con la que debe coger confianza. Como hemos dicho, esto no sucede en pocas horas ni en pocos días, por eso es necesario que ofrezcamos a nuestro hijo todo el apoyo posible para que el cambio sea tan suave como logremos conseguir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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